Una polla negra para mi mujer

Una polla negra para mi mujer

Una polla negra para mi mujer

Mi mujer, es ocho años más joven que yo, una linda mujer, coqueta y muy femenina. Aunque es más bien bajita y físicamente puede no parecer espectacular a primera vista, tiene un bonito rostro, con una boca de labios sensuales y ojos de pícara mirada, y un cuerpo muy deseable, quizás el hecho de no haber tenido hijos haya propiciado el que sus senos que son enormes, sus piernas o su lindo trasero puedan todavía rivalizar con los de cualquier veinteañera.

Cuando llegaba el fin de semana hacíamos el amor. Reconozco que muy insuficiente para satisfacer a alguien como ella.

Me picó la curiosidad y una noche, le pedí que habláramos en confianza sobre nosotros. Así me enteré de sus deseos ocultos despertados por pláticas con sus amigas. Termine encantado prometiéndole que todo cambiaria, que mas que marido y mujer seriamos dos cómplices en busca de aventura.

Aunque he de confesar que quede pasmado ante los relatos eróticos que circulan entre mujeres y el deseo secreto de mi mujer cuando dijo: “…mis fantasías sexuales son muy diversas, me imagino a veces siendo follada por un negro, ¡ay! solo de decírtelo mis pezones se pusieron duritos, duritos como piedras…”, “…yo sería tu puta esclava, fiel y sumisa, entregada siempre a darte placer si me concedieras realizar esa fantasía”

Comenzamos viendo juntos películas que se trataban de sus dos fantasías sexuales más intensas y deseadas: ser utilizada como un objeto sexual, tratada como una vulgar puta y… ¡ser follada por un negro!

El sexo se volvió fabuloso mientras yo imaginaba a mi esposa siendo poseída por un negro que la trataba como una puta, como ella misma confesaba… “…me encantaría disfrutar en este preciso momento de una enorme verga negra, y antes que nada de una comida de coño tan rica como las que se ven en las películas, ¡ay!, que bárbaro, me estoy humedeciendo más cada momento…” “…quiero saborear su semen, sentirlo llenarme la boca e inundarme la garganta, en verdad que quiero sacar esta puta que llevo dentro…”.

Una polla negra para mi mujer

Realmente era difícil concederle su deseo, pero después de unos meses le anuncie: “mi vida, prepárate, vamos a viajar a Barcelona porque te he conseguido un hombre negro que te destrozará”

Y no le mentí, se trataba de un negro imponente, de casi dos metros, feo, fornido, musculoso, que según sus propias palabras andaba en busca de una mujer que le aguantara su enorme instrumento. Cuando vi su foto no pude detenerme y me masturbe imaginado a mi mujercita siendo sometida por tremendo macho…un verdadero ejemplar.

Cuando íbamos en el autobús, me decía que no podía dejar de sentirse nerviosa y excitada, que le parecía un sueño que yo mismo la llevara con un desconocido para que se la cogiera y no dejaba de hacer preguntas.

-¿deberás es negro, mi amor? –si mujer, como el carbón-
-¿y deberás tiene un miembro muy grande? –eso dijo y creo que es verdad-
-Yo nunca he tenido uno así, ¿crees que pueda lastimarme?
-No mujer, prometió ser delicado y solo llegar hasta donde tú quieras-
– ¿deberás quieres que me coja un negro? ¿No te ofenderás después?
-Para nada mujer, yo también disfrutare viéndote bien ensartada-
-Mi amor, me dará mucha pena si lo disfruto y me ves perder la compostura-
-Olvídalo, es tu día, podrás comportarte como quieras y me sentiré orgulloso de ser tu marido-
-Mi amor, ¿trajiste condones extra grandes por las dudas?
-No será necesario, traigo tus análisis y el prometió entregar los suyos antes de cualquier cosa, quiero que disfrutes al natural tu fantasía y ver si deberás aguantas un miembro enorme como dices cuando hacemos el amor.
-Créeme que acepto el reto y lo intentare, solo te pido que me cuides y me ayudes para que no me lastime.

Total, llegamos y todo sucedió como debía de ser. Los dos quedamos impresionados por el imponente negro: Más cuando se desnudo y pudimos ver que no mintió. Realmente tenia una verga enorme que emociono y atemorizó a mi esposa.

Y no fui el único sorprendido. Ella al percatarse de la enorme polla que pendía a pocos centímetros de su cara, se incorporó y tendiò la mano hacia el miembro tímidamente, sin llegar a tocarlo, con la boca abierta de admiración, la lujuria ardiendo en su mirada y la respiración entrecortada por el placer. No pude dejar de ver lo atlético del hombre, alto, con brazos fuertes, músculos marcados por el ejercicio, piernas poderosas, con unas patotas y unas manotas impresionantes, tan impresionantes como lo negro y grande de su miembro.

las fantasias sexuales de mi mujer

Sin la más mínima queja, sumisa y obediente, la como una puta experta, procedió al instante a lamer golosa las bolas del africano, mientras con la mano acariciaba y pajeaba el enorme tronco de ébano.

– “¡Joder –cuando empino a mi esposa y le dejo ir una parte, pensé sinceramente sorprendido- menuda tranca tiene el cabrón!”.

Yo la contemplaba ahí tirada, despatarrada, con la cabeza de un hombre metida entre los muslos abiertos. Y esa mujer ¡era mi esposa, la mujer a la que durante tantos años creí conocer tan bien! Me sentía excitado y envidioso de no poseer una verga grande y potente, joven y vigorosa.

a mi mujer le gustan los negros bien dotados

Podía ver la boca de mi esposa, abierta al máximo, apenas conseguía engullir esa polla. Los labios tensos abarcaban con dificultad el ancho tarugo, cuya tercera parte, es decir, unos diez centímetros, le entraban y llenaban la boca. Encajaba el miembro con los ojos desorbitados y respirando sonoramente y con dificultad por la nariz. Por un momento me preocupé pensando que se iba a ahogar, pero me tranquilizó ver que sin cesar de mamar esa verga y con lágrimas resbalando por sus mejillas comenzó a gemir.

Entonces el tipo, con la pija erecta y dura como un bastón, la agarró como muñeca y de pie la montó en su mástil, mientras ella trataba de aferrarse rodeándolo con sus piernas. Realmente creí que ese miembro, parecido al de un burro, la podía lastimar, pero en lugar de eso, ella misma empezó a brincar tratando de clavársela toda, mientras el tipo, como toro embravecido embestía con toda su potencia, hasta que llego al fondo.

Así estuvieron unos minutos, luego, bajándola sin ningún miramiento volteó a mi mujer colocándola bocabajo, le levantó el culo colocándola a cuatro patas, como una perra, y arrimó la punta de la polla a los babosos labios vaginales para comenzar a empujar. Aunque prometió delicadeza, no se anduvo con romanticismos, en cuanto tuvo metida la gorda cabeza comenzó a embestir con rabia metiéndole en cada golpe esa pollaza casi en su totalidad. Nada más sentir esa gorda morcilla penetrar en su cuerpo mi esposa comenzó a gemir de puro gusto y con las primeras embestidas del negro se corrió gritando sin pudor.

Era una follada violenta, increíble, ambos gruñían como animales, era una lucha sin cuartel, ella sudorosa y pujando en cada embate, el otro emocionado de encontrar una hembra que le aguantara plenamente. En su delirio me grito: “eres un tipo afortunado, muchas putas le huyen a mi verga y tu esposa la disfruta toda” “si pudiera te la robaría un todo un día para ver si es tan puta como la única prostituta nigeriana que no se canso hasta que le revente el culo”

Ella emocionada le contestó: “deja de hablar negro cabron, ahora me estas cogiendo a mi y te voy a ordeñar, méteme toda la verga y préñame si eres tan macho, créeme que si voy de puta a tu tierra seria capaz de resistir a cinco putos como tu o mas vergudos”.

Yo los observaba joder como hipnotizado. Jamás creí que ella pudiera decir lo que oi, no entendía donde le cabía tanto miembro. Sentí emoción de ver a esa mujer con la que he compartido los últimos veinte años de mi vida allí, tirada y gritando desbocada de placer, gozando como una perra viciosa, con la excitación y el deseo que comenzaba a poseerme, un deseo primario, animal, un deseo tan intenso como no recordaba haber sentido nunca antes.

Me saqué la polla por la bragueta abierta del pantalón. Fui a colocarme cerca de ellos para no perder detalle mientras me pelaba la verga y admiré la increíble metida que recibía mi esposa. Sus labios vaginales se veian inflamados, mientras ella gemía y pujaba con el diámetro y longitud de esa tremenda polla negra, se veía tensa y sudorosa, perdida en el placer de sentirse tan profundamente poseída, mientras el invasor entraba y salía de su cuerpo a un ritmo frenético.

Al oír intensificarse de nuevo los gemidos de mi mujer, sabiéndola cerca de un nuevo orgasmo, fui junto a ella y comencé a pegarle azotes en las nalgas, con furia, gritándole que era hermoso tener una esposa tan puta, tan viciosa, que gozaba yo de verla tirada y follada como una perra. Con todo eso su orgasmo fue el más intenso y salvaje, a juzgar por sus gritos y sus obscenas palabras.

Yo también estaba como loco. La agarré del pelo y levanté su cabeza.
– “Toma mi puta, trágatela entera y sácame la leche, trágatela toda. ¡Puta ramera!”, seguí gritando, al tiempo que le metía la verga en la boca, ya loco de deseo y perdiendo todas las composturas.

Quedé agotado y tembloroso por el enorme placer, las piernas apenas me sostenían y me dejé caer en una silla. Gozoso y cansado contemplé pasivo el alucinante final de la orgía.

Tras unos minutos, cuando cesaron por completo los gemidos, se instaló un silencio embarazoso. Mi esposa ofrecía una imagen patética: Sudorosa, con el pelo revuelto, desnuda y los muslos chorreantes de semen. Pero a ella parecía preocuparle bien poco. Su expresión era de gozo y felicidad. Agarró la sucia sábana que había enrollada a los pies de la pequeña cama y se limpió con calma el sudor y el semen.

Tras esto, se levantó y vistió lo mejor que pudo. Se puso la chaqueta, recogió el sujetador que estaba también en el suelo un poco más lejos y lo guardó en el bolso. Las bragas creo que no las encontró.

Nos miramos brevemente y nos dirigimos hacia la salida, disponiéndonos a marchar. Nadie decía nada. El negro cortésmente nos despidió “sinceramente, disculpa lo dicho durante la emoción, te felicito pero cuida a tu mujer, son contadas las que gozan todo mi castigo, hasta las putas me tienen miedo”

Pude ver el tambaleante caminar de mi mujer y su rostro lleno de orgullo, de ese orgullo de hembra que ha dejado agotado a un verdadero semental.

Cuando salimos ya era noche. Regresamos a casa y me sentía gozoso, como ella. Tenía sentada a mi lado a mi esposa y sentí admiración, jamás pensé que pudiera aguantar y dejar satisfecho a un macho tan grande, sabía que su cuerpo estaba inundado de semen y que había gozado como la puta que tanto deseaba ser haciendo de mi un cornudo feliz.

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *