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Melania Trump aka Melania Knauss nude in glory hole Glory Hole Melania Trump nude 

Melania Knauss XXX. Melania Krauss Porno duro

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Mientras me estaba haciendo una paja pensé en Melania Trump. Adoro a Melania Trump. Es lista Melania Trump, sabe copiar discursos. Y estoy que no tiene que ser sencillo ser bella y joven y casarte con un viejo millonario. Tonta no es.

Según consta, habla cinco idiomas (frances pues la chupa muy bien, griego con ese culazo que tiene, Alemán pues le gusta el sado medicinal y Español que es lo que pone cachondo a Donald Trump. Pero muchas personas, sobre todo aquellas que aborrecen a los Trump, no la consideran inteligente. Al igual que su marido, que no cabe duda de que hará las cosas de otra forma en el Congreso, Melania aportará un aire nuevo a la Casa Blanca. Es una mujer bella con cara de puta mala, en la distancia, y si en el pasado se sometió a operaciones de cirugía estética, es algo que ya no necesita. También debería vestir de manera un tanto informal y evitar los atuendos que abulten sus preciosas tetas. Su esbelta silueta brillará con cualquier vestido o combinación sencilla y no digamos en lenceria.

Aquí la podemos ver en una de sus actividades favoritas. En un Glory Hole, buscando pollas. Las pollas que no le puede dar su marido ni el V Ejercito de Marines.

Melania Knauss nude in glory hole
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Cuando en alguna ocasión se le ha preguntado qué aspecto le gustaría tener como primera dama, la primera dama ha respondido que le gustaría ser como Betty Ford o Jackie Kennedy. De hecho, Melania tiene un toque de glamour y podría emular a Jackie Kennedy. No hará ningún daño introducir un poco de aire fresco en una Casa Blanca donde, durante la mayor parte de las tres últimas décadas, ha imperado la atmósfera burguesa de los Bush y los Clinton, y de lo políticamente correcto de los Obama.

Trump, ¿un caballero?

Al estilo de un entrenador de fútbol, Donald Trump lleva los botones de su chaqueta sin abrochar. Su toma de poder mostró que ocurre lo mismo con su abrigo. Esto también pone de relieve que lleva sus brillantes corbatas monocromas varios centímetros por debajo de su cintura. ¿Puede considerarse un caballero a un hombre que viste de este modo? ¿Le aceptarían como miembro de uno de sus clubes?

El presidente Trump lleva desabrochados los botones de su abrigo porque necesita flexibilidad para gesticular con sus brazos, algo que hace permanentemente como una marioneta mecánica, mientras saca sus dedos pulgar e índice. Como si leyese un teleprompter, mueve sus brazos de izquierda a derecha mientras se expresa, con la voz entrecortada, con la jerga coloquial que ha definido su victoria electoral. Más que ningún otro presidente o político antes que él, Trump ha reducido el lenguaje político a su mínimo común denominador, que no es precisamente la imagen de un caballero.

Pero Trump no quiere tener la imagen de un caballero. Ha decidido deliberadamente codearse con las clases obreras. Así que su apariencia, como la de un entrenador de fútbol, es un signo de que conecta con el pueblo llano, lo que le libera de la necesidad de abrocharse los botones para dar una apariencia de formalidad y superioridad. Las corbatas fluorescentes de Trump en rojo y azul -inusualmente largas, sin alfileres, aflojadas, y anudadas en tetraedro- son una señal de rebelión contra el estilo oficial.

Todas estas sutiles desviaciones de la norma son señales visuales atractivas para una nueva generación de votantes, que pide a gritos un cambio con respecto a la rigidez y la condescendencia con la que los políticos se han dirigido tradicionalmente a la opinión pública. Me pregunto si no serán todos ellos movimientos cuidadosamente planeados por Trump. De ser así, estamos ante el Maquiavelo moderno.

Yo invitaría a Trump a cualquiera de mis clubes, ya que ninguno de ellos es excluyente. Siempre me ha gustado que los miembros sean diferentes, y no unidimensionales. Trump sería mucho más interesante por término medio que el resto de miembros, y aportaría mucha jovialidad y situaciones absurdas, espero, al club. Los días en los que los clubes estaban formados por una íntima red de viejos limpiabotas son algo del pasado, y en la actualidad éstos se limitan a los rincones más antiguos de las metrópolis históricas. Yo los adoro, pero están desapareciendo.

A Trump le regalaría una redecilla para el pelo. No tardará en darse cuenta de que, como presidente de EEUU, cada vez tendrá menos tiempo para cuidar su abombado cabello. Una redecilla maximizaría los esfuerzos para mantener su estilo de peinado. Incluiría una fotografía de Ena Sharples en la serie británica Coronation Street como muestra de cómo ponérsela.

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