La tetona durmiente. Sofia Vergara desnuda.

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Sofia Vergara desnuda. La tetona durmiente

Erase una vez una reina, una mujer madura espectacular, que dio a luz una niña muy bonita y hermosa. La leyenda dice que los pechos de la reina eran tan generosos que además de amamantar a su niña también lo hizo con la mitad de la guarnición a los que ofrecía­a cada noche su hermosa delantera, a cambio pedíaa una buena ración de leche a los jovenes y bien dotados soldados. Finalmente, al bautismo de su preciosa niña invitó a todas las hadas tetonas  de su reino, pero se le olvido, desgraciadamente,  invitar a la más malvada, la más puta y tetona hada madrina.

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la reina tetona, madre de Sofia

 

A pesar de ello, esta hada maligna se presentó igualmente en  castillo y, al pasar por delante de la cuna de la pequeña, dijo despechada: “A los dieciseis años te pincharás con un hueso y después chuparás una buena polla, tendrás unas tetas descomunales  y finalmente morirás!” Un hada buena que había cerca, al oí­r el maleficio, pronunció³ un encantamiento a fin de mitigar la terrible condena: al chupar la polla en vez de morir, la muchacha permanecerá dormida durante cien año y solo el beso de un joven sobre su hermoso coño la despertaría de su profundo sueño.  Al hada buena, que era tonta, se le olvidó³ quitar el maleficio de las enormes tetas. Pasaron los años y la princesita se convirtó en la muchacha más hermosa del reino.

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Sofia Vergara en el papel de La Tetona durmiente

El rey habá ordenado quemar todos los huesos del castillo para que la princesa no pudiera pincharse con ninguno. No obstante, el día que cumplía los diecieis años, la princesa acudió a un lugar del castillo que todos creían deshabitado, y donde una madura sirvienta, desconocedora de la prohibición del rey, estaba haciendose una paja con un hueso con forma de falo que además no dejaba de chupar con cierta lujuria. Por curiosidad morbosa, la muchacha le pidió a la mujer que le dejara probar. “No es fácil chupar una buena polla”, le dijo la sirvienta. “Mas si tienes paciencia te enseñaré.” La maldició³n del hada malvada estaba a punto de concretarse.

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La sirvienta tetona que enseña a la tetona durmiente la forma de masturbarse

La princesa se pinchó con el hueso, posteriormente el hueso se convirtió en una polla de verdad, una buena verga y después de chuparla con saciedad,  cayó fulminada al suelo como muerta. Médicos y magos fueron llamados a consulta. Sin embargo, ninguno logró vencer el maleficio. El hada buena, la tonta, sabedora de lo ocurrido, corrió a palacio para consolar a su amiga la reina.

La encontró llorando junto a la cama llena de falos que imitaban buenas pollas donde estaba tendida la princesa. “¡No morirá¡! ¡Puedes estar segura!” la consoló, “Solo que por cien años ella dormirá hasta que la coman bien el coño¡” La reina, hecha un mar de lágrimas, exclamó: “¡Oh, si yo pudiera dormir  también con ella!” Entonces, el hada buena pensó: ‘Si con un encantamiento se durmieran todos, la princesa, al despertar encontrará a todos sus seres queridos y  a su entorno, nada habrá cambiado para ella.’ La varita dorada -que tenía forma de polla ciertamente-  del hada se alzó y trazó en el aire una espiral má¡gica. Al instante todos los habitantes del castillo se durmieron. ” ¡Dormid tranquilos! Volveré dentro de cien años para vuestro despertar.” dijo el hada echando un último vistazo al castillo y pensando la cantidad de pollas y coños que debería chupara dentro de cien años para conseguir que todo el castillo despertase.

De forma increible, a la Bella durmiente no dejaban de crecerle las tetas y más que dormida parecí­a estar en celo. Tiene cara de puta, dijo el hada buena.

El tiempo parecá­a haberse detenido realmente. Alrededor del castillo, sumergido en el sueño, empezó a crecer como por encanto, un extraño y frondoso bosque con plantas trepadoras que lo rodeaban como una barrera impenetrable, era el coño de la Bella durmiente que cada vez estaba más peludo y frondoso.  En el transcurso del tiempo, el castillo quedaba oculto con la maleza y fue olvidado de todo el mundo. Pero al termino del siglo, un pri­ncipe, que perseguía a un jabalí­, llegó hasta sus alrededores. El animal herido, para salvarse de su perseguidor, no halló mejor escondite que la espesura de los zarzales que rodeaban el castillo. El príncipe descendiía de su caballo y, con su espada, intentó abrirse camino. Avanzaba lentamente porque la maraña era muy densa. Se adentró en el castillo hasta llegar a la habitació³n donde dormía la princesa. Durante mucho rato contempló  aquel rostro sereno y aquel cuerpo escultura, lleno de belleza y sexualidad; sintió nacer en su poll  el cuerpazo que siempre había esperado en vano.  Emocionado, se acercó a ella, tomó la mano de la muchacha y delicadamente la besó en su coño peludo… Con aquel beso, de pronto la muchacha se despertó  y abrió los piernas para que el Principe la penetrase debidamente despertando del largí­simo sueño.

En mis sueños os acariciaba vuestro rabo; este momento tanto tiempo esperado.” El encantamiento se habí­a roto. La princesa se levantó y ofreció sus tetas al príncipe. En aquel momento todo el castillo despertó ³. Todos se levantaron, mirándose sorprendidos y dicindéose que era lo que había sucedido. Al darse cuenta, corrieron locos de alegríaa junto a la princesa, más hermosa y feliz que nunca que iba camino del cuarto orgasmo.

Al cabo de unos día, el castillo, hasta entonces inmerso en el silencio, se llenó de gemidos de placer, de música y de alegres risas con motivo de la boda.

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