La tetona de mi profesora.

Eran unos melones descomunales, perfectos en tamaño y forma.

Diosa de tetas enormes

follando con una tetona

mi profesora tetona

Esta es una historia antigua y parcialmente secreta, creo que algunos amigos del colegio recordaran algo, y darán alguna fe de ello, otros creeran que es chamullo, allá ellos, hay un poco de fantasía pero casi pura realidad.

Un año cuando ya estaba en educación media renunció el profesor de francés y el colegio requirió contratar a un nuevo docente. Como éramos cercanos a los profesores nos llegó el rumor de quienes eran los candidatos, y ahí por primera vez escuche el nombre de Christine. Los que me conocen saben súper bien que podría ser nominado como presidente universal de los escépticos anticabalistas y antiesotéricos, sin embargo debo reconocer que por una fisura goteo, siempre en mi vida he sentido que las cosas me pasan por algo, y esta vez cuando escuché ese nombre sabía desde el principio, intuitivamente que detrás de él venía alguien inolvidable.

Finalmente se quedó como nuestra profesora, éramos un curso chico, la gran mayoría había preferido inglés, pero tuve la suerte de conocerla. Era muy joven para el promedio de las profesoras, debe haber tenido unos 26, pelo largo, ojos grandes y expresivos, linda sonrisa, guapa y rica hasta destemplarte las muelas.  Lo más impresionante de ella  eran sus  impresionantes tetas.  Eran unos melones descomunales, perfectos en tamaño  y forma. La primera clases y quizás hasta las dos siguientes quedé bastante fuera de mi, me enamoré de golpe, como me ha pasado casi nunca, esa sensación de que si en el amor existe la química aquí se me había derramado el laboratorio completo. Sólo con las Patty’s (mi actual Patty) que vendrían después sentí lo mismo. Pasadas esas tres clases en que las lecciones de francés ni las pescaba disfrutando en las nubes su presencia, me normalicé. Al fin y al cabo estaba enganchado de una compañera con la que teníamos una extraña relación, y la profesora de francés simplemente se veía como algo imposible.

Pasó un largo tiempo en que todo marchó por un camino estable, obviamente que la seguía mirando y me seguía gustando, pero no me movía el piso como al principio. Sin embargo ella conversaba harto conmigo, yo sentía un extraño privilegio en ello, me contaba de su vida de sus parejas de sus rupturas y conquistas y a veces algún comentario entretenido que se deslizaba suavemente de su vida más intima. Era complejo, pero delicioso, cada encuentro en el recreo, o post clases era una maravilla, más allá de la atracción que me imantaba comenzó a ocurrir algo interesante se empezó a transformar en mi amiga. Y no cualquier amiga, porque la empecé a apreciar, a sentir una aterrizada admiración y a un sentimiento fuerte de quererla mucho.

A fin de año ocurrió algo importanteque produjo un nuevo cambio, venía el final del año y cada vez me sentía más cercano a Christine, al colegio asistía a penas una vez a la semana, y a pesar de ello me sentía súper afiatado con ella. Antes que terminaran las clases me comentó que se sentía sola que no tenía ganas de pasar las fiestas que se avecinaban. Yo me puse un tanto mal con esto, que hacía una mujer tan linda, atractiva, además de interesante, con esa sensación en esas fechas. Además sus historias de amor eran muchas veces fallidas (una constante en muchas mujeres que me ha tocado conocer en mi vida). Hombres que la dejaban, o que ella tenía que cortar, que no la privilegiaban, que le daban más preferencia a otras cosas, a su trabajo, o a cualquier cosa. Parecía de locos pero era verdad.

Desde mi corazón adolescente no podía dejar de pensar que si yo no estuviera en mi condición de alumno, de niño, de enamorado de otra compañera, tantos factores y barreras, la hubiese tomado y amado, dedicado todo, me la imaginaba pasando días completos de intimidad y de regaloneo sin ganas de soltarla, me sentía terrible y amarrado. Que les pasaba a esos huevones que no atinaban. Era raro porque no era un amor celoso, si bien soñaba tenerla un ratito para mi solito, me habría echo muy feliz verla completa, alegre y acompañada por otro, por alguien que la quisiera de adulto tanto como yo.

Y con ese escenario llegó el año nuevo, y me la pase pensando en mi profe, con ráfagas de silencio, buscándola en el horizonte, desde la época que llegó al colegio que no estaba tan pegado a ella. Y en eso estaba, en el minuto pick de mi energía y mi mente enfocado al francés cuando sonó el timbre y el carteró me entregó una tarjeta de navidad con su remitente la abrí ansioso, y leí: “Feliz año nuevo Johny”, no decía nada más. Podría ser una coincidencia, pero intuía que no, sentía que estábamos conectados en pensamiento, una de las fases más profundas del cariño, cuando las cosas vuelan por una brisa invisible y misteriosa de un latir a otro. Lo sentí con una fuerza tan asfixiante que me aterré. Me estoy enamorando y esto no puede ser pensé.

En una actividad veraniega del colegio nos volvimos a encontrar le dije que me iba de vacaciones a la playa, que nos veíamos después en clases. Me dio a entender que me echaría de menos, siempre con esa actitud cariñosa, cercana y extraña. Yo la verdad tenía su teléfono, sabía donde vivía, si quería verla como amiga o lo que sea podía hacerlo pero preferí una criteriosa distancia que me alejara de ella y me probara a mi mismo cuan lejos podía sentirla incluso pensé no verla más, darle una excusa y al otro año renunciar a francés y cambiarme al ramo de inglés (como se hacía en esos años) para no seguir confundido. Y así dejar de pensar en un posible romance sin patas ni cabezas y alejar la culpa que me producía el distanciarme sentimentalmente de mi compañera Andrea (aunque la Andrea en rigor no era mi polola tampoco pero podría haberlo sido en un contexto más lógico).

A pesar de los consejos de unos amigos, y de la coherencia misma, no me podía despegar de Christine, la quería mucho y la empecé a llamar, comenzamos a conversar de manera más profunda, a conocernos un poco más, nos seguíamos viendo espaciados pero sentí un coqueteo más evidente, más demostraciones de cariño, pero nunca pasando la línea siempre contenidos.

mi vecina me enseño sus enormes tetas

Ya a esta altura estaba entregado, si teníamos un affair con mi adulta belleza, bienvenido sea. Decidí poner un poco más de presión y reponder in crecendo un poco más agresivo, sus coqueteos. Sin embargo no quería declararme, me negaba a producir ese momento de tensión, con el nerviosismo de que lo que ella fuera a pensar. Sin embargo una mañana no di más, quise destapar todo, ya me sentía muy tenso, no tenía idea que le pasaba a ella por mi, tenía muchas dudas, si me estaba pasando muchas películas o no, si ella era igual con todos sus alumnos, o lo que sea, pero a esa altura ya me importaba poco, lo importante era contarle, decirle confesarme y después lo que viniera. La fui a ver a su casa de la Villa Olímpica y le dije “Christine quiero hablar contigo lo antes posible” ella me respondió “Pero que hay de malo johny que pasa cuéntame” y ahí reculé, me sentí horrible por mi ansiedad estúpida y sentí un alto grado de convicción de que el tema no era tan reciproco, lo escuche en su voz lo entendí de un plumazo. Le dije que mejor lo hablábamos otro día que en realidad era otra cosa, un problema personal que en otro momento le decía.

Otro día nos juntamos sólo a conversar y me preguntó naturalmente que me había pasado, yo la evadí me daba mucha lata confesar toda esta larga historia. A duras penas y con cara de lata me lo aguantó. Ese día la conversación estuvo mucho más distante en nuestra relación que otros días, la sentía mucho más aparte, sin embargo conversamos temas re interesantes me contó que alguna vez se había metido con un alumno, yo no lo podía creer, pero no me quiso dar detalles, y me dio a entender que la paso mal, que era fuerte el estigma de meterse con un alumno y que siempre las mujeres sacaban la peor parte de todas estas historias. Y con eso me fui ese día pensando, triste sin ganas de pensar jamás en tocarla, como podía pretender ser tan egoísta, como podía imaginarme teniendo una relación secreta en que ella siempre perdiera. Además me contó que era joven cuando paso eso, más pena me dio. Me hizo recordar sus pololeos y las historias que me contaba y de nuevo pasó de objeto de mi cariño y deseo a puras ganas de protegerla. Pero con que, no lo podía hacer todo estaba enredado. Además me contó que al año siguiente lo más probable es que no seguiría en el colegio. Todo para peor, ya en ese momento no sabía que sentía, no creo haber estado enamorado, pero si sintiendo muchísimo querer, pensando en alargar los momentos juntos, todo un sinsentido.

Ya era tanto el tiempo en esto para mi, con casi la situación descifrada, con todo dicho en clave, con ganas de hacer algo con ella y no saber que cresta , que ahora si tenía claro que en un ambiente tranquilo con menos ansiedad y más relajado hablaría con ella y le contaría esta larga historia desde el principio, ya no daba más de aburrido de jugar a estas mascaras que al menos la mía se estaba rompiendo a pedazos.

Ya no importaba que fuera a pasar, que fuera más grande que yo, ella no seguiría en el colegio, yo no quería dañarla, no veía que mis supuestas conexiones tuvieran asidero, me sonaba a puras cuentos de mi imaginación erótica. Y en medio de eso la llamé y le dije:

– Ahora si Christine viene mi confesión, juntemonos a comer un completo y una bebida y te juro que te lo cuento todo. No me daba para más que eso para invitarla con mi mesada.

Solo pensé en pedirle una cosa que por favor no saliera arrancando, y que me considerara con el mismo cariño y nada más que como su alumno después que terminara mi relato.

Ella aceptó.

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