Kim Kardashian desnuda 2016

Kim Kardashian quiere expandir sus negocios. Para que nos entendamos, quiere dejar de ser conocida básicamente por su trasero para pasar a ser también una celebridad gracias a su delantera. Sólo así se explicaría por qué la curvilínea californiana lleva un tiempo vistiendo prendas de amplios escotes y finas telas que, cual escaparate, muestran su pecho con todo lujo de detalle, entendiendo “detalle” como sinónimo de pezón.

Claro que, el hecho de haber decidido prescindir del sujetador le ayuda a la mayor de las Kardashian a lograr su nuevo objetivo. “Que nadie se fije en mi culo”, dice. Y en ese intento, Kim ha llegado a estar seis días seguidos sin ponerse un sostén (quien dice sostén dice copas de silicona, pezoneras, tiritas…) para salir a lucirse por la calle.

Con truco

Así, la mujer del polémico Kanye West pisó la acera de Nueva York el miércoles 14 de septiembre con un vestido negro largo de terciopelo con su delantera gritando “we’re free”, proclama que repitieron los siguientes días en Miami, en Los Angeles; con camiseta, con corsé…

Está claro que la hija de Kris Jenner se siente satisfecha del resultado de las operaciones de pecho-entre muchas otras- a las que se ha sometido (la última tras dar a luz) desde que saltara a la palestra en 2006 aquel vídeo porno que grabó junto a su entonces novio, el rapero Ray J, tres años antes. Intervenciones que no sólo han logrado aumentar el tamaño de sus senos sino, también, mantenerlos firmes, quietos y sujetos incluso cuando la socialité camina sobre sus tacones de 10 centímetros con el mismo garbo que la morena del relicario de Sara Montiel. Algo que, con tal talla de sujetador, sólo ocurre si, efectivamente, se ha operado.
Acostumbrada

Ojo, no es que el personal vaya ahora a echarse las manos a la cabeza por ver el pecho de Kim ni sus pezones. La protagonista absoluta de Keeping Up with the Kardashians ha tenido a bien posar desnuda en multitud de ocasiones. La mayoría de ellas, cobrando de alguna revista (GQ, Paper, Love…), aunque también son incontables las fotos que ha compartido gratis con sus 83,2 millones de seguidores en Instagram (su currículum vitae) en las que, si no se ven los pezones con absoluta evidencia, se intuyen detrás de sus manos, de una camiseta mojada o de su propio cabello.

En una de esas imágenes gratuitas, Kim desvelaba el truco que utilizaba cuando llevaba un vestido con mucho escote para lucir un pecho bien levantado y sin recurrir al sujetador: cintas adhesivas. Claro que, eso fue hace unos ocho meses. Ahora, tras las operaciones, no la necesita. La cinta, porque la fama sí. Y una mujer que ha logrado ser un icono (de nada en particular y de todo en general), una celebridad y una máquina de hacer dinero sin tener una carrera definida (de profesión, sus posados) sólo cuenta con el escándalo y la provocación para seguir engordando una cuenta de, según Forbes, 51 millones de dólares (45,3, en euros). Para Kim, el pudor sí tiene precio.

Source: ELMUNDO

Leave a Reply

Your email address will not be published. Required fields are marked *