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Follando en Barcelona. Relato erótico

Follando en Barcelona. Relato erótico

Barcelona es una gran ciudad, es bonita, algo cara pero no muy grande. Tiene un clima agradable en invierno y la primavera y el otoño son una delicia.

El verano en Barcelona es algo caluroso, muy caluroso. Hace mucho bochorno y la ciudad está atestada de turistas. ¿He dicho turistas? Barcelona está plagada de turistas de todo tipo de pelaje y nacionalidades. Todo esto sin contar con la cantidad de extranjeros que residen en Barcelona, especialmente  de América.

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Este tipo de mujeres se pueden encontrar por Barcelona. Cierto es que se pueden encontrar en cualquier tipo de ciudad pero Barcelona es visitada anualmente por más de un millón de turistas cada verano.

Este verano, la semana pasada para ser más exactos, paseando por la calle me topé con una chica parecida a la de la imagen. Una imagen que he pillado desde Internet –no voy haciendo fotos por la calle a mujeres- pero os aseguro que tenía un cuerpo y unas tetas muy similares. Tetas enormes, descomunales. Un lujo, vamos.

Follando en Barcelona. Relato erótico

Barcelona es una gran ciudad, es bonita, algo cara pero no muy grande. Tiene un clima agradable en invierno y la primavera y el otoño son una delicia.

Evidentemente me excité mucho y al ver que la chica iba paseando con unas amigas, pensé en acercarme a ellas e intentar entablar una conversación. Todo en vano, no pareció haber mucho interés en hablar conmigo y lo dejé. Las dejé en paz, no insistí.

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El problema, bendito problema, es que al cabo de unos minutos me topé con otro pedazo de mujer, quizás mucho más guapa que la anterior y aunque con menos busto, luciendo un escote sugerente.

Evidentemente me excité, pero la chica estaba comiendo y no era plan de molestar. Pensé en tomarme un café y continuar cerca de ella, así podría ver si tenía amigas o amigos, si por el contrario se encontraba sola, etc …

 

Y lo dicho, Barcelona tiene mucho turista, mucha mujer, mucha ganas de marcha y … dejé el café para salir corriendo, literalmente, detrás de una hermosura de ébano con unas curvas descomunales. Una gorda que me hizo vibrar y no pude más que acercarme a ella y saludarla. Tuve suerte, le caí bien y entablamos una animada conversación. Sus pechos eran enormes, increíblemente grandes y no podía dejar de mirarlos. Ella lo notó, yo creo que lo nota desde que pone un pie en la calle, aquella delantera era demasiado.

En menos de una hora, después de invitarla a comer y tomar unos buenos vinos estábamos en mi casa follando como locos. Se quedaba cinco días en la ciudad, tiempo suficiente para mostrarla la ciudad y follar en todas las posturas inimaginables.

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